sexta-feira, 2 de dezembro de 2016

Lo que tiene que superarse siempre a sí mismo.

Esta es la tarea del superhombre nietzscheano, o sea, del hombre liberado de todos los pesos suprasensibles, reconducido por sí mismo a su ser-tierra, legislando en función de él y revelando la vida en su permanente devenir autosuperador de sí misma, que .supone su retorno eterno. Pero he aquí que el superhombre no es más que la modificación no esencial de la concepción metafísica ,del hombre como animal rationale [xvii], definición que contribuye, con el ocultamiento del ser propio del hombre, al enmascaramiento de su relación esencial con el ser; es punto de partida de todas las interpretaciones antropomórficas del ser y origen del reinado del antropologismo que caracteriza a toda la época moderna [xviii]. Con esto el hombre, ya subjectum por su ser desde la Antigüedad, adquiere también la desjerarquización de sujeto, y en el caso de Nietzsche, al servicio de la subjetividad trascendental y absoluta de la voluntad de poderío. Este hombre será el futuro dominador de la tierra, punto de partida de la técnica contemporánea, en donde desempeñará la función de explotador de la naturaleza, transformada en “fondo” o “materia prima” (Bestand, Rohstoff), y él mismo un material o fondo más [xix].

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Nietzsche en un fragmento póstumo de 1886-1887: “Dem Werden den Charakter des Seins aufzuprägen -das ist der höchste Wille zur Macht ( ... ) Dass Alles wiederkehrt, ist die extremste Annäherung einer Welt des Werdens an die des Seins: Gipfel der Betrachtung” (Imprimir al devenir el carácter de ser -ésta es la más alta voluntad de poder ( ... ) Que todo retorna es el extremo acercamiento de un mundo del devenir al del ser: cima de la meditación) [xx]. La voluntad de poderío es la esencia de la vida, la que se identifica en Nietzsche con ser. El devenir es el ser mismo, ser es siempre, para el Nietzsche maduro, fluir, proceso; es la vida impulsada por su esencia, la voluntad de poder, en tanto exigencia de autosuperación: “‘Sein als Verallgemeinerung des Begriffs ‘Leben’ (athmen), ‘beseelt sein’, ‘wollen’, ‘wirken’, ‘werden’ “ (‘Ser’ como generalización del concepto ‘vida’ (respirar), ‘ser animado’, ‘querer’, ‘obrar’, ‘devenir’) [xxi]. Con expresión del propio Heidegger [xxii] : el ser esencia (west) en el ente en la forma de voluntad de poderío, esto es, en la forma de autosuperación. Dice un póstumo de -1888: “Der Wille zur Accumulation von Kraft als spezifisch für das Phänomen des Lebens. . .” (La voluntad de acumulación de fuerza como específica para el fenómeno de la vida) [xxiii], y en Also sprach Zarathustra (II, “Von der Selbst-Ueberwindung”) el protagonista declara; “Und diess Geheimniss redete das Leben selber zu mir. ‘Siehe, sprach es, ich bin das, was sich immer selber überwinden muss’”. (Y este secreto me ha confiado la vida misma ‘Mira, dijo, yo soy lo que tiene que superarse siempre a sí mismo’) [xxiv].

Esta Ueberwindung, esta superación o sobrepasamiento esencial y permanente es, precisamente, la nota por la cual la vida como voluntad de poder -que es la esencia que se la otorga- remite a eterno retorno de lo mismo. Esta esencia esenciante, activa, deviniente de la vida infinita sólo puede satisfacerse con su retorno, ya que sus fuerzas son finitas [xxv]. Vida como voluntad de poderío es la afirmación del devenir como ser, del cambio y mutación, de la pluralidad y diferencia, de la infinitud y fugacidad, o sea, de los caracteres ontológicos opuestos a los de la metafísica clásica. Su esencia más íntima es la voluntad de poderío como devenir eterno autosuperador [xxvi]. La esencia (Wesen) que constituye la voluntad de poderío no es, pues, la essentia escolástica medieval sino el esenciar (wasen) propio del ser en la forma de autosuperación en el permanente devenir de la vida. Todo ente, en tanto su esencia es la vida como voluntad de poder, se pro-yecta más allá de sí mismo, se autosupera o sobrepasa: su esencia es la trascendencia [xxvii].

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Eterno retorno de lo mismo adquiere así hondura metafísica -que es anti-“metafísica”- como pura pre-esencialidad infinitamente móvil, y la voluntad de poderío encuentra en él fundamento para su superación.

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Eterno retorno de lo mismo viene a reunir en su estructura a la totalidad de la vida que esencia en la forma de voluntad de poderío, pues esa nota que impulsa constantemente a la vida hacia su superación es la pre-esencia del eterno retorno de ella misma en la forma del infinito aparecer y sucederse de los. instantes vitales queridos, afirmados -y por ende transformados- a través del amor fati humano [xxx].

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 La vida como ser, en su devenir circular, va temporalizando el tiempo; el instante cobra jerarquía sin ser por ello el “ahora” mundano clásico, sino, por el contrario, la presencia misma del ser como eterno retorno de lo mismo modalizado por el hombre en el momento del instante.

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La vida como voluntad de poderío y eterno retorno de lo mismo es el fundamento ontológico en función del cual el hombre dice cuáles son los valores o “modos del ser para” de cada momento vital histórico, en tanto condiciones útiles para su acrecentamiento y superación; la vida misma es la que, a través del hombre, instituye los valores de cada época [xxxvi]. La vida no es un valor ni tampoco una verdad como “falsedad útil”: ella es criterio de tal condición y verdad originaria, surgente de sí misma y por sí misma -al modo de la physis griega, aunque sin ningún tipo de permanencia substancial. El juego es el símbolo más profundo de este surgir originario del tiempo cósmico vital: “Welt-Spiel, das herrische, / Mischt Sein und Schein :- / Das Ewig-Närrische / Mischt uns -hinein!. . .” (El juego del mundo, lo imperioso, / mezcla el ser y el aparecer:- / El eterno insensato / ¡ Nos mezcla a nosotros -en su juego!. .. ) [xxxvii].

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El juego del mundo constituye la unidad originaria de voluntad de poderío y eterno retorno de lo mismo -o sea: ser y tiempo- simbolizada por el niño heraclíteo que ahora se llama Diónisos [xxxviii]. Y alrededor de este simbolismo lúdico como origen primigenio de todo suceder y aparecer, pensado desde sí mismo y en sí mismo, se van tejiendo los restantes conceptos estructurales Justicia, inocencia del devenir, azar, libertad, destino, amor fati [xxxix].

Bruno L. G. Piccione

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