sábado, 3 de dezembro de 2016
II Hitlerismo o el sentimiento de la compacidad
http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0101-31732014000100003
Fusión totalitaria y separación utópica. Lectura de Emmanuel Lévinas y Miguel Abensour
Claudia Gutiérrez Olivares
Para Lévinas, la novedad del hitlerismo reside en que éste es una empresa de destrucción de la libertad, que entra en flagrante contradicción con lo que nuestro autor nombra el "[...] espíritu de libertad" (LÉVINAS, 1997, p.8) de occidente. Se trata evidentemente de una definición in extenso de la noción de libertad, en la que cohabitan tanto formas de libertad espirituales como políticas, sean éstas cristianas, judías o bien aquella que atraviesa la "[...] promesa humanitaria de Marx" (LÉVINAS, 2006a, p.201). A su turno, lo que se decanta de esta afirmación inicial, es una comprensión sugerente de la libertad por parte de Lévinas, que en contraste con el hitlerismo, es concebida como posibilidad de volver a comenzar, como surgimiento de un renuevo. Todas estas formas occidentales del espíritu de libertad, comprometen precisamente la estructura de la novedad, de la invención, llámese ésta "perdón", "promesa" o "revolución". La libertad es el poder de recomenzar infinitamente, es la forma de una renovación, cuestión que nos sugiere, desde ya, pensar que la libertad se estructura sobre el modelo de la apertura. En este sentido, el totalitarismo, en tanto filosofía de la no-libertad, no sólo apostaría a la imposibilidad de volver a comenzar, la imposibilidad del renuevo, sino además reposaría sobre el modelo de un cerramiento. Esta oclusión a la novedad, se articula en torno a dos tiranías: la del tiempo y la del cuerpo. Refirámonos a esta última, intentando ahondar en la trama afectiva que se decanta de ella: el sentimiento de encadenamiento.
Lévinas no puede ser más enfático al afirmar que, en tanto filosofía de la no libertad, el paradigma del totalitarismo es el paradigma del "encadenamiento", del "estar clavado"8, y de la sumisión voluntaria a ese encadenamiento, articulado por la matriz biológica del cuerpo, entendido éste en términos de lo objetivable. La novedad del hitlerismo, dirá Abensour lector de Lévinas, es "[...] la entrada en servidumbre" (1997a, p.44), y la tonalidad afectiva del hitlerismo, reposa o emana a partir de este encadenamiento.
Una sociedad basada en el vínculo biológico, consanguíneo, apuesta por la posibilidad de una sociedad homogénea y eventualmente "pura", sin contradicciones, que, negando y/o subsumiendo fatalmente las formas históricas del espíritu a la tiranía del cuerpo, se decanta en un principio de adherencia, que deviene en sumisión y servidumbre, como un modo aberrante, pero posible, de ser-en-el-mundo. Decíamos que Lévinas se refiere al hitlerismo en términos de una "filosofía de los sentimientos elementales", para así enfatizar la novedad de una perspectiva que moviliza una nueva disposición afectiva, la del encadenamiento, y que reposa sobre el primado otorgado al cuerpo biológico. Se trata del sentimiento de la adherencia del espíritu al espíritu, de su anclaje en una matriz biológica precisa e infranqueable. Así, en 1935 Lévinas escribía:
El cuerpo no es solamente un accidente desgraciado o feliz que nos pone en relación con el mundo implacable de la materia - su adherencia al Yo vale por ella misma. Es una adherencia a la cual uno no escapa y que ninguna metáfora sabría hacerla confundir con la presencia de un objeto exterior; es una unión en la que nada sabría alterar el gusto trágico de lo definitivo. (1997, p.18).
En cuanto anclaje "[al] cual uno no escapa", la posibilidad de la libertad entendida como renovación, como "libertad infinita en relación con toda atadura" (p.11), aparece como un imposible en esta matriz biológica, y bajo este respecto el sentimiento de encadenamiento se condice perfectamente con una estructura de no-libertad. Por ello, continúa Lévinas,
[l]a esencia del hombre ya no reside más en la libertad, sino en una especie de encadenamiento. Ser verdaderamente uno-mismo, no es retomar su vuelo por encima de las contingencias, siempre extranjeras a la libertad del Yo; es al contrario, tomar consciencia del encadenamiento original ineludible, único a nuestro cuerpo; es sobre todo aceptar este encadenamiento. (p.18).
Por otra parte, este encadenamiento y /o sumisión del espíritu al cuerpo, este monismo concreto, con todo, no excluye, en el fondo, la idea de espíritu; más bien, opera ahí una lógica de identificación de éste con aquél. Esto es, la espiritualización del espíritu reside en esta identificación con el cuerpo, como si el espíritu se diseñara y limitara a partir de la opacidad concreta del cuerpo, determinando su arraigo y localización; espiritualidad engarzada en el cuerpo, del cual se puede predicar su vitalidad, tonicidad, fuerza, vigor, entre otros. Lévinas contrapone a la concreción vitalista del espíritu, una noción de espiritualidad fundada en "[...] la dignidad del pensamiento" (2006b, p.129), en el vuelo que la razón alcanza en "[...] el trabajo teórico de un matemático, de un físico" (p.127). La dignidad del hombre reside en su pensamiento, y en cuanto tal moviliza una noción de espiritualidad "[...] disociada de la materia inerte, pero también más allá de todo fenómeno biológico" (p.127). La identificación espíritu-cuerpo, la preponderancia de lo biológico aparece así como forma suprema del ideal espiritual nazi, y por ello, escribirá Lévinas en el año 1933,
Es difícil no darse cuenta que los partidos políticos extremistas, hoy en día poderosos en Alemania, están fascinados por esta noción de espiritualidad. Desconfían de la razón, pues ella se opone a su vitalidad [...] Los alemanes creen que el dolor es más real que la razón que quiere asfixiar el dolor, y que la verdad no sale de la observación imparcial de las ideas eternas, sino que ella es un grito horroroso de la existencia en lucha por su sobrevivencia [...] (p. 132).
Asimismo, resulta relevante destacar que la estructura unidimensional de la existencia, como imagen del cuerpo-uno, concuerda con la representación totalitaria del pueblo-uno, en términos de una estructura de la "compacité"(ABENSOUR, 1997b), de lo macizo, que apuesta a una "[...] cohesión absoluta" (p.53), a una fusión de lo social, y que por tanto niega la "división", esto es, la diversidad, la heterogeneidad, como constitutiva de la sociedad; estructura que vive bajo el embrujo de una sociedad homogénea, compacta, reconciliada, pura; que no concibe la distancia y separación social, que repele y "[...] pone fin a todo heroísmo" (LÉVINAS, 1997, p.21), y que bajo este respecto, rechaza y expulsa, hasta la eliminación a través del asesinato, toda forma de alteridad social. Con relación a un propósito similar, Claude Lefort, escribe: "Todo se presenta como si el cuerpo debiera cerciorarse de su identidad propia expulsando sus desechos, o bien como si debiera cerrarse sobre sí mismo sustrayéndose al afuera, conjurando la amenaza de efracción que hace pesar sobre él la intrusión de elementos extraños" (1990, p.72).
Desde un punto de vista de la lógica de la identidad, la estructura del encadenamiento muestra el privilegio de un entramado unidimensional de sentido, toda vez que el cuerpo biológico, objetivable, funciona como horizonte de sentido insuperable en el proceso de identificación. El yo que se decanta de la estructura del encadenamiento es tributario de un esquema centrípeto, de una lógica de vuelta a lo propio, de una serie de autoposicionamientos y procesos autorreferenciales. Lévinas describe esta situación en términos de una ontología de la presencia total, de la perseverancia en el ser, de un conatus essendi egoísta, "preocupado de sí", inquieto por su propia supervivencia y territorio. Se trata de un "[...] imperialismo del Mismo [...] orden universal o totalitarismo" (LÉVINAS, 1994, p.76).
Lo patético de esta ontología del encadenamiento radical, inscrita en la forma del cuerpo-uno, estriba en la fatalidad de la identidad o la identidad como fatalidad, toda vez que ella traduce la imposibilidad de escapar, la imposibilidad de la evasión, la imposibilidad de darse lo otro, de abrirse a la novedad, so pena de delito de traición. Reconocemos aquí la matriz de la claustrofobia que anunciáramos anteriormente, y que diseña no sólo la estructura de la dominación totalitaria sino la estructura ontológica de toda forma de dominación en general, toda vez que ella traduce el esquema de una totalidad aplastante, de una presencia total. En este sentido, la significación de la claustrofobia no traduce tanto la forma de una asfixia, a la manera de una "falta de aire" superior, sino más bien ella entraña la forma de una plenitud excesiva. Lo que asfixia es la plenitud, lo desbordante. Así, es manifiesto el lenguaje en clave encierro y claustrofobia de Lévinas en 1935; ser uno mismo es una forma de inmovilización amenazante, se trata de un "[...] sentimiento agudo de estar clavado", la "[...] inamovilidad misma de nuestra presencia" (LÉVINAS, 1982a, p.95), "[...] imposibilidad radical de escaparse a uno mismo [...] presencia irremisible del yo a sí mismo" (p.112). La identidad como encadenamiento, asfixia y claustrofobia, puede entenderse también a la luz de una tiranía del tiempo en la medida que la matriz del encadenamiento traduce un presente interminable e imperdonable, que no deviene, que no se altera, que no muere. Este esquema temporal puede comprenderse con claridad a la luz de Humanismo del otro hombre (LÉVINAS, 1972), en donde distinguiendo la temporalidad de lo "actual" y de lo "inactual" - que es la temporalidad propiamente humana - Lévinas insiste en el carácter sin alteración y sin devenir de lo actual, que es la forma lógica del concepto y de la identidad, que vira en una "[...] presencia total", forma acabada de la "gesta del ser", "del ser en sí" como "[...] síntesis de presentes" (p.8). La presencia total, a la manera de una indistinción entre el día y la noche, incuba una forma de violencia particular, tributaria del paradigma de la dominación, violencia de lo actual, del poder, dirá Lévinas, que es "[...] hija de Hitler" (1972, p.11).
La estructura de la dominación totalitaria nazi, es así la forma de un cerramiento a toda forma de exterioridad, social, temporal, a toda forma de alteridad. Es esta estructura de cerramiento, propia del totalitarismo, que bajo la pluma de Miguel Abensour es comprendida como la imposibilidad de la utopía: "[...] una sociedad sin utopía, privada de utopía es exactamente una sociedad totalitaria" (2000a, p.19)
Sabemos que si Abensour se esfuerza en romper con la asociación entre totalitarismo y utopía, llevada a cabo por algunos pensadores contemporáneos, insistiendo en la tesis según la cual el totalitarismo conlleva la destrucción del espacio político, es porque la utopía es pensada desde un comienzo como la entrada al tiempo de la política, en el que las nociones de exterioridad, tiempo o alteridad adquieren una dignidad filosófica relevante. Por su parte, y si bien es cierto el hitlerismo para Lévinas se entronca perfectamente con esta idea de cerramiento a la exterioridad, enclaustramiento decíamos, nuestro autor afirmará de manera enfática que el totalitarismo es mucho más que la negación de la temporalidad política, se trata de la negación de lo humano sin más. El hitlerismo, escribe Lévinas al final del texto de 1934, no "[...] cuestiona solamente algún dogma de la democracia, del parlamentarismo, o de política religiosa. [El hitlerismo] cuestiona la humanidad misma del hombre" (p.24). Lo que resta esencial aquí es, por una parte, que la negación de lo humano, en sentido levinasiano, es precisamente negación de la exterioridad, tiempo y alteridad, que son nociones claves para la comprensión de lo humano y más ampliamente del encuentro con los otros. Pero por otra parte, la cuestión de lo humano es además tematizada en Lévinas en clave utópica, como forma de un no-lugar, para recoger en ello una dimensión estrictamente ética del encuentro interhumano, exterior a la política. Por ello, podemos decir con Lévinas que si una sociedad totalitaria niega lo humano, indefectiblemente niega la utopía.
Bibliografia
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Submissão: 08/07/2013
Aceito em: 15/11/2013
1 Todas las citas de Lévinas y Abensour corresponden a las ediciones francesas, y han sido traducidas para la redacción de este artículo.
2 En este texto trabajaremos exclusivamente la cuestión de la utopía.
3 El trabajo con la cuestión de la utopía en Abensour, con la reconstrucción crítica de la inscripción política de ésta, y que parte con una relectura de los textos políticos de Marx, data de los años 70. Para ello, ver: Abensour, Miguel (1973), "Histoire de l'utopie et le destin de sa critique I" en Textures 6-7. (1974), "Histoire de l'utopie et le destin de sa critique II" en Textures 8-9.
4 La noción de "claustrofobia" se la debemos a Martine Leibovici, profesora de Paris VII, y a su conferencia (inédita) "Claustrophobie du soi et besoin d'excedance. Le "pathétique du liberalisme" selon Emmanuel Lévinas". Esta conferencia se realizó en el marco del Coloquio Internacional Chile - Francia, Emancipación y movimientos sociales", y tuvo lugar los días 28-29 de agosto del 2012, en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, en Santiago.
5 Texto cuya reedición de 1997, Éditions Payot & Rivages, comprende el ensayo de Miguel Abensour "Le mal élémental".
6 Para una comprensión de la distinción fenomenológica entre Leib y Körper, remitimos aquí, entre otros, a los análisis de Paul Ricœur a propósito de la 5ª meditación, de las Meditaciones cartesianas de Husserl (RICŒUR, 2004)
7 Se trata del Post-Scriptum que Lévinas escribiera para la edición norteamericana de Réflexions sur la philosophie de l'hitlerisme en 1991.
8 Se trata de la noción de "Être rivé " que atraviesa el texto De l'évasion, de 1935, y que conviene leer en consonancia con el texto de 1934.
9 "Ahí donde el juego perpetuo de nuestras relaciones con el mundo es interrumpido, no encontramos, como podría uno pensar equivocadamente, ni la muerte, ni el 'yo puro', sino el hecho anónimo de ser. La relación con un mundo no es sinónimo de existencia. Ésta es anterior al mundo. En la situación del fin del mundo se plantea la relación primera que nos ata al ser" ( LÉVINAS, 1998, p.26).
10 "Ninguna generosidad, que contendría, al parecer, el término alemán es gibt, correspondiente al hay se manifestó entre 1933 y 1945. ¡Esto debe ser dicho! La luz y el sentido nacen sólo con el surgimiento y la posición de existentes en esta horrible neutralidad del hay" (LÉVINAS, 1984, p.407).
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